La leyenda de Mahaduta

(Jataka)

16) Con su arrepentimiento auténtico,el ladrón
ayudó a otros incluso después de su muerte

Panthaka canceló su peregrinaje y volvió a Kaushambi. Fue inmediatamente a la casa de Pandú a decirle lo que había pasado. Con una escolta de hombres armados, Pandú volvió a las montañas. Los hombres de Mahaduta ya se habían ido. La bolsa de Pandú estaba escondida exactamente donde Pandú había dicho, y la corona estaba allí, intacta.

Panthaka fue con ellos, y después de haber incinerado el cuerpo de Mahaduta y recogido sus cenizas en una urna, Panthaka lideró a la gente allí presente en la recitación de Sutras y mantras. Habló brevemente del poder del karma y del incluso mayor poder de arrepentimiento y reforma. También recitó los siguientes versos:

Nadie puede salvarnos excepto nosotros mismos.
Nuestra fuerza es mayor que la fuerza derivada de otros.
Nosotros mismos debemos andar el camino de la Iluminación Correcta,
Con Buda como nuestro gran maestro y guía.

–Nuestro Anciano Maestro Narada –Panthaka continuó–, siempre nos recordó que nosotros solos somos responsables de nuestras propias acciones, y que somos responsables de lo que nos pasa como resultado de esas acciones. Ningún dios u otro ser nos van a recompensar o castigar. Nos recompensamos a nosotros mismos, y nos castigamos a nosotros mismos. Todo surge de la mente, y por lo tanto, el mundo es exactamente como nosotros lo creamos. Este hombre, Mahaduta, a quien hoy hemos cremado y enterrado sus cenizas, llevó una vida de maldad, guiado por malos pensamientos, nunca feliz. Pero al final cambió. Su arrepentimiento y votos de reforma conmovieron al mismo Buda, quien apareció frente a él y lo bendijo. Su vida terminó con una acción de perdón y murió feliz. Todos nosotros podemos aprender de su ejemplo, pues ninguno de nosotros carece de faltas. El karma nos conecta a todos como una tela de araña creada por nosotros mismos. Y al mismo tiempo, todos somos capaces de liberarnos mediante un arrepentimiento sincero.

Panthaka hizo que en la tumba donde se depositó la urna con las cenizas de Mahaduta se inscribiese el siguiente epitafio en una losa:

Aquí yace Mahaduta, salteador de caminos.
Vivió rodeado de violencia; y la violencia trajo su perdición.
Al final, arrepentido, devolvió los frutos de sus robos,
Y prometió andar el Camino Correcto.
El Buda le sonrió y certificó su transformación.
¡Maha Prajña Paramita!

La losa junto al paso de la montaña acabó siendo conocida como la tumba del ladrón arrepentido, y años después un altar fue construido a su lado. Allí los viajeros y peregrinos se postraban a Buda y rezaban para tener un buen viaje y para la conversión de los hombres malvados.

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