Dharma Talks, volumen VIII

 

(18) Las Seis Pautas de laCiudad
de los Diez Mil Budas

 

No adornamos el exterior, sin embargo,
adornamos y purificamos el interior

  

Amigos venidos de lejos, buenos consejeros de cerca, investiguemos juntos los principios para ser una persona y para convertirse en un Buda. Siendo una persona, debemos adoptar las ocho virtudes –tener bondad filial, ser fraternal, ser leal, ser digno de confianza, actuar con propiedad, ser honrado, ser incorruptible, y tener sentido de vergüenza– como nuestro estándar. Para convertirse en un Buda debemos extender el alcance de estas ocho virtudes y ser filiales, trabajadores, leales, dignos de confianza, buenos, justos, apropiados, y sabios hacia el mundo entero. Debemos ampliar estas cualidades sin descanso hasta que sean tan extensas que lo cubran todo, y aún así tan pequeñas que no haya nada dentro de ellas. Ésa es la clase de espíritu con que debemos abordar la práctica del Budismo, pero no es fácil de perfeccionar.

 En la actualidad, cuando practican el Budismo, algunos cultivadores sienten como si hubieran perdido algo. Al no obtener ningún beneficio evidente, sienten que están sufriendo una pérdida. Y por eso pierden su entusiasmo en cultivar. Buenos consejeros, estén atentos a lo siguiente:

Si no renuncias a la muerte, no podrás intercambiarla por vida;

si no abandonas lo falso, no podrás alcanzar lo verdadero.

 Debemos expandir nuestro modo de ver las cosas, nuestro modo de pensar, no preocuparnos únicamente por nosotros, nuestras familias y nuestros países. Debemos expandir nuestras mentes y abarcar el universo. Debemos pensar modos de ayudar a toda la humanidad, en lugar de planear cosas para nosotros mismos.

Beneficiar a la gente y no dañarla es un requisito básico para cultivar las enseñanzas de Buda. ¿Cómo podemos beneficiar y no dañar a la gente? Practicando las seis pautas de la Ciudad de los Diez Mil Budas:

 

1. No pelear

No peleamos con nadie. Tú puedes pelear conmigo, pero yo no pelearé contigo; puedes regañarme, pero yo no te regañaré; puedes pegarme, pero yo no te pegaré; puedes intimidarme, pero yo no te intimidaré. Éste es el principio más básico en la Ciudad de los Diez Mil Budas.

Cuando el Buda Shakyamuni era un inmortal que cultivaba la paciencia en la tierra causal, no peleó contra el Rey Kali; en vez de pelear, Buda empleó su virtud para enseñarle y transformarlo. El Rey Kali cortó las cuatro extremidades del inmortal y le preguntó si estaba enojado. El inmortal, lleno de paciencia, dijo: “No”. El Rey Kali no le creyó y le pidió que lo demostrase. El inmortal dijo: “Si no guardo ningún enfado, que mis extremidades vuelvan a crecer”. Después de decir esto, recuperó sus extremidades. En vez de estar enojado con el Rey, el inmortal le hizo una promesa llena de compasión: “Cuando me convierta en un Buda, tú serás el primero que yo salve, dejarás la vida de hogar y te dedicarás a la cultivación”. Más tarde, cuando el inmortal se convirtió en el Buda Shakyamuni, de acuerdo con su promesa, fue al Parque de los Ciervos a enseñar al Venerable Ajnatakaundinya (el Rey Kali en una vida anterior), quien abandonó la vida de hogar y se convirtió en uno de los primeros cinco bhikshus.

 

2. No codiciar nada

Una vez que la mente codiciosa está presente, es insaciable. La mente obsesionada, ya sea por dinero o por cosas materiales, nunca está satisfecha. Cuanto más codicioso se hace uno, más insatisfecho está; cuanto más insatisfecho está, más codicioso se hace. Será codicioso hasta la vejez, y aún no lo entenderá. La codicia habrá arruinado su vida entera, y al final todavía tendrá remordimientos por no haber obtenido ciertas cosas. ¡Qué lamentable! La segunda pauta de la ciudad es no codiciar dinero, ventaja o fama: no codiciar nada. Sólo hacemos nuestro deber básico y propagamos el Buddhadharma para continuar la vida sabia del Buda.

 En los tiempos del Buda, un día, él y el Venerable Ananda iban caminando cuando se encontraron con un montón de oro. El Buda siguió caminando sin ni siquiera mirarlo. El Venerable Ananda no había perfeccionado su concentración y, al pasar junto al oro, le dio un vistazo. El Buda le dijo: “Eso es una serpiente venenosa”. Mientras tanto, un granjero que labraba su campo oyó por casualidad la conversación sobre la serpiente venenosa. Fue a echar un vistazo y descubrió que era realmente oro. Muy contento, se lo llevó a su casa e instantáneamente se convirtió en un hombre rico. Pero su vecino tenía sus sospechas sobre el origen de sus riquezas y se lo dijo al Rey. El Rey llamó al granjero para que se presentara ante él y le preguntó de dónde había sacado el dinero. El granjero le dijo la verdad. El Rey envió a sus súbditos a registrar la casa del granjero y encontraron mucho oro. Los súbditos del Rey tomaron todo el oro y lo llevaron ante él. Viendo todo ese oro, el Rey se puso muy furioso, porque ese oro había sido robado de la tesorería del estado. El Rey pensó que el granjero lo había robado y lo encarceló. Sólo entonces el granjero entendió la verdad en las palabras del Buda cuando dijo que el oro era una serpiente venenosa. La historia previa ilustra que uno no debe ser codicioso de la abundancia inesperada.

 

3. No buscar

El principio de la Ciudad es no explotar, pedir o buscar. Buscar es similar a la codicia. La codicia es algo intangible y difícil de determinar. Sin embargo, la búsqueda se refiere a la búsqueda real de algo mediante la explotación de contactos sociales, intentando conseguirlo por las buenas o por las malas. ¿Qué clase de cosas buscamos? Buscamos el dinero, cosas materiales, y toda clase de ventajas. Pero en la Ciudad de los Diez Mil Budas el buscar se dirige hacia adentro, no hacia fuera. Buscando dentro de nuestra mente, barremos hacia fuera los pensamientos absurdos, la mente enojada y la naturaleza salvaje, los celos, la obstrucción, la avaricia, la cólera, la estupidez, y así sucesivamente. No adornamos el exterior; en su lugar adornamos y purificamos el interior. Podrían decir: “El interior es asqueroso. No importa cuántas veces lo limpias, sigue siendo asqueroso”. Pero esa suciedad está sólo en la superficie. Nuestra naturaleza inherente es pura y limpia, sin corrupciones. Por eso el dicho:

Cuando la gente alcanza el estado de no buscar,

su carácter es naturalmente noble.

Si no buscas nada de nadie, tu carácter será noble de un modo natural y libre de pensamientos impuros.

 Cuando el Buda estaba en el mundo, había una pareja muy pobre que no tenía hogar permanente y ni siquiera comida para el día siguiente. Vivían en una cueva y poseían solamente un par de pantalones entre los dos. Quien salía ese día a mendigar, usaba los pantalones. Así de pobres eran. Un día, un Pratyekabuddha (Buda Silencioso) vino a ponerlos a prueba para ver si tenían mentes codiciosas. Entró en la cueva a pedir limosna. La pareja discutió el tipo de ofrenda que podían hacer a este monje. La verdad es que no podían pensar en nada; al final, de un modo sincero, ofrecieron los pantalones al Pratyekabuddha sin esperar nada a cambio. El Pratyekabuddha tomó los pantalones y se los ofreció al Buda. El Buda Shakyamuni conocía la historia detrás de los pantalones, y la compartió con la asamblea de monjes. Él elogió a los donantes por el mérito y virtud que habían creado. Ocurrió que el Rey del país estaba allí. Cuando oyó la historia, se sintió avergonzado de que hubiese gente tan pobre en su propio país. Así que envió a un funcionario con alimentos y ropa para esa pareja, y les proporcionó casa y empleo. Porque esa pareja no tenía pensamientos de buscar nada, consiguió tal recompensa. Eso es lo que se conoce como “dar y ser recompensado con algo diez mil veces más valioso”.

 

4. No ser egoísta

¿Por qué está el mundo deteriorándose de un modo tan rápido? La razón es porque la gente es demasiado egoísta. Cuando se trata de cosas que benefician a uno mismo, todos se esfuerzan en ser los primeros. Pero en cuanto se trata de cosas que no producen beneficio, la gente se aparta a un lado y mira, a veces haciendo observaciones graciosas con una actitud de “observar el fuego desde una distancia prudente”.

Hay muchas clases de egoísmo. Alguna gente es egoísta con respecto a la posición, otros acerca de la reputación, poder o dinero. En general, se trata de egoísmo cuando la gente se preocupa solamente de sí misma y se despreocupa de otros. Como dice el refrán:

 

Mahasattva, no te preocupes por los otros;

Amitabha, cada uno por su cuenta.

 

Éste es el modo de pensar del Vehículo Pequeño. Hay un refrán en la escuela de Confucio que dice: “Limpia la nieve delante de tu puerta y no te preocupes del hielo que hay en el techo de las casas de otros”. Ésa es la actitud de no mezclarse en los asuntos de los demás. Pero las personas de este mundo deben ayudar y apoyarse unas a otras. Por eso debemos promover el pensamiento del Gran Vehículo y emular el espíritu de los Bodhisattvas, que rescatan a aquellos con problemas al oír sus gritos de sufrimiento. Nunca debemos alegrarnos de las desgracias ajenas.

Si la gente de este mundo no fuese egoísta, podríamos tratarnos de un modo armonioso, como una familia. El egoísmo crea muchos problemas. Por lo tanto, el no ser egoísta es la cuarta pauta de conducta en la Ciudad de los Diez Mil Budas.

 

5. No buscar el beneficio personal

Este principio es aún más importante que el cuarto. Nadie está dispuesto a abandonar la ganancia personal. Pero para que este mundo funcione de un modo sano, tiene que ser de esta manera. No buscar la ventaja personal significa beneficiar a otros y olvidarse de uno mismo: “sacrificándose uno mismo por el bien de los otros”. Esta actitud sobrepasa la conducta de los Bodhisattvas. Los Bodhisattvas buscan el beneficio propio y el de otros, se salvan ellos mismos y salvan a otros, y se iluminan ellos mismos e iluminan a otros. Pero nosotros beneficiamos solamente a otros, no a nosotros mismos; salvamos solamente a otros, y ayudamos solamente a otros para alcanzar la iluminación.

 

6. No mentir

Esto significa no tener ninguna intención de engañar a nadie. ¿Por qué miente la gente? Porque está asustada de perder su ventaja, asustada por la pérdida. Si podemos tratar a la gente con sinceridad, mantendremos naturalmente la sexta pauta de no mentir.

 Habrá gente que no se alegrará al oír las Seis Pautas, y se sentirá muy incómoda. No me preocupa si la gente es infeliz o se encuentra incómoda; quiero que esto quede muy claro. Nunca me opongo a nada en este mundo. ¿Por qué no? Porque éste es mi lema: “Todo está bien”. Sin embargo, si hay gente que se me opone, bienvenida sea, yo no discutiré.

 Hoy les he presentado brevemente las Seis Pautas de la Ciudad. Si las explicara detalladamente, no acabaría. Pueden practicar estas pautas por el resto de sus vidas; son muy útiles.

 

Charla dada el 14 de agosto de 1983,
en la Sala del Buda, en la Ciudad de los Diez Mil Budas.


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